Los inicios creativos de Juan Jesús Hernández (Villena, 1952) estuvieron marcados por la influencia del acuarelista Antonio Requena Solera, quien —virtud del maestro que en verdad lo es— no quiso que el discípulo fuera una prolongación de sí mismo, sino alguien en búsqueda incansable de su alma artística propia, agazapada o escondida bajo mil conchas. A partir de ahí, fue pasando por hitos y magisterios a los que debe mucho: los acuarelistas Manolo Jiménez, Javier Cárdenas, Aurora Charlo, Nicolás López, Olegario Úbeda, Álvaro Castagnet, Mustapha Ben Lahmar… Con ellos fue decantándose un universo estético que, respirando el aire de la realidad, se alza sobre ella y exprime sus jugos sin atarse a la imitación de las formas. Fruto de esa maduración son diversas exposiciones de su obra acuarelística: Lucentum (Elda), Fundación Paurides (Elda), Mare Nostrum (Lizzano, Italia), Benevento (Benevento, Italia), Complesso Monumentale San Felice (Torino di Sangro, Italia). Acuarelas de su autoría han sido seleccionadas en la V y VI Bienal Internacional de Nuevas Técnicas (Caudete, 2019 y 2022), así como en el II International Watercolor Festival / Spain (Madrid, 2022).
Entre el informalismo y la abstracción, en estas acuarelas el agua es una aliada caprichosa y a menudo incontrolable, con la que se pretende lavar las superficies para que emerja aquello que se halla bajo la cáscara de lo aparente. En la estela de la afirmación de Oskar Kokoschka, para quien “el arte hace posible la esperanza que nos niega la vida”, su concepción personal de la acuarela no persigue replicar la realidad, sino rectificarla, sublimarla o recrearla.